Abanico único de seda «Amance que no es poco» rojo.

75,00

Abanico de seda y madera de peral pintado a mano por Lucía Huertas. Medida aproximada 23cm.

Pieza única firmada por la autora. Cualquier variación de color, tamaño o forma es el resultado de la naturaleza artesanal de este artículo y no deben considerarse defectos sino prueba de la singularidad de cada uno. Incluye funda de tela y caja.

Pintado a mano en nuestro taller de Segovia – España.

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Descripción

Abanico único de seda y madera de peral pintado a mano en Segovia. Medida aproximada 23cm.

Pieza única firmada por la autora, Lucía Huertas. Cualquier variación de color, tamaño o forma es el resultado de la naturaleza artesanal de este artículo y no deben considerarse defectos sino prueba de la singularidad de cada uno. Incluye funda de tela y caja.

Hecho en nuestro taller de Segovia – España.

Los abanicos que salen de nuestro taller están pintados a mano uno a uno sobre seda y están entelados con varillaje de madera de peral pulido. Estos materiales son los más apreciados y utilizados en la fabricación artesanal de abanicos en España. La madera de peral posee un tacto muy suave al contacto con la mano. Es una madera robusta pero ligera, muy valorada porque produce un «clic» seco y característico al abrir el abanico con un movimiento de muñeca. 

La seda natural destaca por su suavidad, brillo y resistencia. Es un material muy ligero, por eso es perfecto para un accesorio como el abanico, que requiere un movimiento constante. Aunque pueda parecer delicada, esta tela es sorprendentemente resistente, esto significa que un abanico de seda puede soportar el uso frecuente sin desgastarse con facilidad. Es la tela perfecta para plasmar diseños únicos y coloridos. Su superficie suave permite que los pigmentos se adhieran de forma uniforme, lo que da como resultado colores vibrantes y detalles delicados que no se desvanecen con facilidad.

Origen e historia del abanico; 

Una leyenda sitúa la aparición del abanico plegable en torno al siglo VII d. C., y atribuye su invención a un fabricante japonés que tuvo la idea al observar las alas de un murciélago. En Europa, el abanico plegable aparece en el siglo XVI, probablemente a través de Portugal, país que en aquella época mantenía una intensa actividad comercial con Oriente.

La representación pictórica del nuevo abanico no se hace esperar, y uno de los primeros ejemplos podemos verlo en el retrato de “La dama del abanico”, óleo realizado hacia 1570-1573 por el pintor español Alonso Sánchez Coello. Los vínculos matrimoniales de las cortes de Madrid y Lisboa extendieron este accesorio exótico a España y a otras capitales europeas, pasando muy pronto a convertirse en un atributo femenino y un instrumento galante propio de un elevado rango social. 

A lo largo del siglo XVIII, considerado como el siglo de oro del abanico por su popularización a raíz del desarrollo del majismo como imagen castiza predominante en la gran mayoría del país, la ciudad de Valencia “se consolida como el principal centro de producción de abanicos de España” una herencia que recogerá tiempo después en el siglo XX la ciudad de Aldaia.

Al igual que en otros países, en España también se desarrolló todo un código de comunicación no verbal a partir del uso del abanico. En este lenguaje del abanico, cada movimiento y posición del abanico tenía un significado específico. Por ejemplo, abrir el abanico y sostenerlo cerca del rostro podía significar coquetería o interés, mientras que cerrarlo bruscamente podía indicar disgusto o desdén. Además, la velocidad, la dirección y el lugar donde se sostenía el abanico también influían en el mensaje transmitido.

El abanico ha sido en España un elemento emblemático de la cultura y el folclore de nuestro país desde finales del siglo XIX, desempeñando fuertes roles prácticos, sociales y artísticos. Su presencia perdura hasta la actualidad, tanto como una pieza de moda de carácter atemporal como un símbolo de la herencia cultural histórica.

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